Al iniciar una relación con alguien, o al plantearnos iniciarla, ¿realmente qué es lo que nos atrae de esa persona?
El aspecto físico:
A pesar de que en las encuestas realizadas en la calle la gente insiste en que el aspecto físico es lo de menos, la realidad demuestra que esto no es así. Seamos sinceros, nos gusta contemplar a una persona agraciada. Puede que no sea justo, pero en la vida real las personas atractivas son mejor consideradas, y reciben un mejor trato por parte de la gente que las que no lo son. Lo que implica que tienen más posibilidades de ser felices por el simple hecho de que los demás reaccionarán mejor ante ellos. Ya es un fenómeno que se produce en la infancia y se prolonga hasta la edad adulta, y no sólo en la vida privada, pues no son pocos los trabajos para los que un buen aspecto físico es requerido.
Las similitudes:
Al plantearnos una relación buscamos similitudes, puntos en común con la otra persona. Estos puntos pueden ser de lo más variado: nivel social, nivel económico, nivel cultural, aficiones, raza, edad, etc. Cada caso es distinto, pero siempre se busca algún punto en común que nos sirva de enlace y apoyo.
Área geográfica:
En general tendemos a entablar relaciones con personas que se encuentran próximas. No sólo por que ello facilita la convivencia, sino también porque es un factor más en la búsqueda de la “similitud”. Las personas de nuestro alrededor van a tener más puntos en común con nosotros que aquellos viviendo en el otro hemisferio.
La actitud de los demás:
La experiencia y la estadística nos indican que una persona tiene una mayor tendencia a sentirse atraída por aquellos a los que gusta. En el fondo el halago siempre es un plato de gusto.
El carácter:
La amabilidad, cordialidad, etc. son rasgos que atraen y por tanto favorecen el establecimiento de una relación
Las habilidades:
En general las personas poco hábiles o patosas, en el campo que sea, suelen ser peor consideradas que las que demuestran su habilidad.
Etc.